Artículo 'La revolución de los prematuros' en El Periódico escrito por un neonatólogo.
Resalto este párrafo:
"La aprobación de la ley que permite a las madres de niños prematuros ampliar su baja los días que el niño ha permanecido en el hospital tendrá en este sentido un efecto muy positivo. ¿Quién no entiende que un niño de estas características cuando más necesita a su madre es cuando va a su domicilio y en muchas ocasiones la baja laboral ya ha caducado? Ya sabemos que todo necesita una financiación, se podrá alegar que el dinero no es ilimitado, pero si lo hay para el cambio de sexo, los trasplantes, la infección por el VIH, los compromisos militares, la inmigración..., al menos con el mismo derecho podrán reclamarlo nuestros niños prematuros.Lo que más preocupan ahora a los profesionales son la consecuencias últimas de nacer antes de lo programado. Las secuelas neurológicas, a la postre las más importantes, alcanzan a un 5/10% de los niños menores de 28 semanas o 1.000 gramos. A diferencia de las secuelas de otras etapas de la vida, accidentes de tráfico, meningitis, accidentes cerebrovasculares... en esta ocasión el cerebro está por desarrollar, su plasticidad es enorme y en muchas facetas desconocida. Ello hace necesario aumentar los esfuerzos, las investigaciones y el interés por el grupo de niños que pueda quedar con secuelas. Una sociedad es grande si cuida su infancia, que es el futuro. Una sociedad preocupada por el pasado resulta decadente y en muchos sentidos caduca. El futuro es de nuestra infancia y los niños prematuros, aunque minoritarios, cada vez son más y forman parte consustancial de la misma. No tengamos ninguna duda de que los esfuerzos por los más diminutos siempre habrán merecido la pena".
http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=392300&idseccio_PK=1032
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jueves, 29 de marzo de 2007
miércoles, 14 de marzo de 2007
Un artículo esperanzador
El Diario El País ha publicado este artículo de María R. Sahuquillo sobre prematuros que ya son más mayores. Un artículo para la esperanza. Se puede destacar como positivo este párrafo:
"Martín y Alejandro, mellizos, nacieron con 33 semanas y 1.800 gramos de peso. "Eran como ratitas. Ahora no se dan ni un aire", explica Jerónimo, su padre. Mientras su padre habla, Martín, de cuatro años, ha traído un álbum de su habitación. "Es de cuando nació. Mira cómo eran", dice orgulloso. Dos niños amoratados y muy pequeñitos observan desde la fotografía. "Y eso que eran de los grandes. Allí había niños de 800 gramos", asegura Elena, su madre. "La primera vez que les vi, me quedé espantado. Canijísimos, llenos de sondas. Eran todo cabeza", cuenta Jerónimo. Estuvieron 22 días ingresados en la UCI, hasta que cogieron peso suficiente y pudieron irse a casa. "No te imaginas lo que costaba que cogieran unos gramos", explica su padre. Como todos los recién nacidos, los prematuros pierden peso al nacer. Martín y Alejando llegaron a pesar un kilo y medio. "La mayor pesadilla era que se tomaran el biberón. Que te dijeran el peso era como un examen", recuerda Elena.
Martín pasa las páginas de su álbum de recuerdos. "Mira, eran tan pequeños que teníamos que comprarles ropita de muñeco. La ropa y los pañales de prematuros les quedaban grandes", ríe Jerónimo, y muestra una foto en la que los dos bebés llevan una camiseta que pone "Baby born".
Martín y Alejando no tienen secuelas. "Lo único es que son un poco más menudos que los niños de su edad. Y que empezaron a hablar más tarde", dice el padre. Sus hijos dibujan laboriosamente en el salón. "No, un sol no es así. ¡Trae!", le dice Martín a Alejandro. "Ves, son niños normales", dice Elena, "con sus peleas y todo".
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/riesgos/nacer/tiempo/elpepusoc/20070313elpepisoc_8/Tes
"Martín y Alejandro, mellizos, nacieron con 33 semanas y 1.800 gramos de peso. "Eran como ratitas. Ahora no se dan ni un aire", explica Jerónimo, su padre. Mientras su padre habla, Martín, de cuatro años, ha traído un álbum de su habitación. "Es de cuando nació. Mira cómo eran", dice orgulloso. Dos niños amoratados y muy pequeñitos observan desde la fotografía. "Y eso que eran de los grandes. Allí había niños de 800 gramos", asegura Elena, su madre. "La primera vez que les vi, me quedé espantado. Canijísimos, llenos de sondas. Eran todo cabeza", cuenta Jerónimo. Estuvieron 22 días ingresados en la UCI, hasta que cogieron peso suficiente y pudieron irse a casa. "No te imaginas lo que costaba que cogieran unos gramos", explica su padre. Como todos los recién nacidos, los prematuros pierden peso al nacer. Martín y Alejando llegaron a pesar un kilo y medio. "La mayor pesadilla era que se tomaran el biberón. Que te dijeran el peso era como un examen", recuerda Elena.
Martín pasa las páginas de su álbum de recuerdos. "Mira, eran tan pequeños que teníamos que comprarles ropita de muñeco. La ropa y los pañales de prematuros les quedaban grandes", ríe Jerónimo, y muestra una foto en la que los dos bebés llevan una camiseta que pone "Baby born".
Martín y Alejando no tienen secuelas. "Lo único es que son un poco más menudos que los niños de su edad. Y que empezaron a hablar más tarde", dice el padre. Sus hijos dibujan laboriosamente en el salón. "No, un sol no es así. ¡Trae!", le dice Martín a Alejandro. "Ves, son niños normales", dice Elena, "con sus peleas y todo".
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/riesgos/nacer/tiempo/elpepusoc/20070313elpepisoc_8/Tes
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